Medea, preservada aquí como Μήδεια, es una de las obras a través de las cuales la literatura y el pensamiento de la antigua Grecia continúan hablando a los siglos posteriores. La traición y el exilio empujan a Medea hacia una venganza atroz, exponiendo la violencia subyacente al matrimonio, el género y la pertenencia cívica.
Medea escapa a Atenas en un carro tirado por dos dragones alados y rodeado por el Sol, mientras que en la parte inferior derecha se representa a una anciana nodriza que llora sobre los cuerpos de los niños. Su padre, Jasón, se aproxima desde la izquierda. Arriba se encuentran dos figuras aladas, las personificaciones de la Pena (Poine). Crátera de figuras rojas del siglo IV a.C. Museo de Arte de Cleveland.
Junto con Medea, la tetralogía se completaba con las tragedias Filoctetes, Dictis y el drama satírico Theristai, tres obras que no se han conservado íntegras. Esta tetralogía terminó en tercer lugar, ya que el primer puesto fue para Euforión, hijo de Esquilo, y el segundo para Sófocles.
La obra comienza con la nodriza de la casa, que confiesa al público que Jasón ha abandonado a Medea tras tomar como esposa a la hija del rey Creonte de Corinto. A continuación, llega el pedagogo con los hijos de Medea y revela que ha oído que Creonte se dispone a desterrar a Medea. Las voces de la mujer engañada se oyen desde el interior de la casa. Sigue la entrada del coro, que convence a la nodriza para que haga salir a Medea. Mientras Medea sale, llega Creonte y le pide que abandone el país. Ella logra asegurar un día más. Luego llega Jasón y acusa a Medea de ser la responsable de su propio exilio. Ella discute intensamente con él y rechaza cualquier ayuda que este le ofrece. Posteriormente, aparece en escena Egeo, que acepta hospedarla en Atenas. Medea urde su plan de venganza. Tras convencer a Jasón de que está de acuerdo con su nuevo matrimonio, envía con sus hijos regalos envenenados para que la novia se los ponga. Un mensajero del palacio entra furioso en escena y anuncia la muerte de Glauce y de su padre Creonte. Medea mata a sus hijos y escapa a Atenas en el carro alado que le entregó su antepasado, el Sol (Helios), mientras Jasón se queda atrás lamentando la pérdida de sus hijos.
El poeta retrata el grado de furia y salvajismo que puede alcanzar la esposa engañada y la locura derivada del engaño conyugal (concluyendo también con elementos del ethos de la sociedad ateniense de la época).
Una lectura atenta de Medea como muestra compleja de poesía trágica revela que se trata de una obra en la que resaltan intensos elementos de preocupación social, en una época en la que el mundo griego clásico está a punto de pasar a la lucha civil y a su fase de decadencia. En un tiempo donde la crítica a los valores tradicionales está presente en cada institución, política y social, Eurípides cuestiona los valores culturales tradicionales relacionados con el género biológico, la identidad griega y las instituciones sociales del pasado.
Parte de una tetralogía, Medea es esencialmente una obra compleja y llena de innovaciones, a pesar de su clara narrativa paratáctica y la trama aparentemente sencilla de la secuencia de eventos, así como su simplicidad escenográfica —exceptuando el posible uso de la grúa (mechane) al cierre de la tragedia. La claridad y pureza del lenguaje conduce a veces a la conclusión apresurada de que se trata de una tragedia que, aunque provoca emociones intensas, es simple en su estructura.
En un principio, el poeta, como otro sofista, parece ser un hombre sin patria, como formula A. Lesky, porque justifica a través del coro en el agón (combate de palabras) la ira de la bárbara hechicera, contraviniendo esencialmente los preceptos herodóteos sobre la unidad de sangre. Asimismo, registra en escena las fuerzas antagónicas y los conflictos internos del alma a un nivel sin precedentes para los estándares de la tragedia griega. En tercer lugar —y aquí se esconde quizás la sorpresa más importante— elabora uno de los mitos más mágicos por su naturaleza, siguiendo esencialmente la trama del mito tal como se conservó posteriormente para nosotros en las Argonáuticas, a pesar de que antes de él Píndaro se refirió al mismo tema en sus Odas Píticas. En cuarto lugar, desmitifica a una figura central del panteón heroico, Jasón, señalando las debilidades humanas y su naturaleza tiránica: un final lógico para el héroe que se compromete con las instituciones de una sociedad organizada y abandona su rebelión redentora.
Aproximarse a Medea en su lengua original acerca al lector a elecciones de ritmo, argumento, imagen y énfasis dramático que las traducciones inevitablemente deben interpretar. La obra no es importante solo por su antigüedad: sigue siendo un punto de referencia vivo para escritores, filósofos, historiadores, creadores teatrales y lectores que se enfrentan hoy a preguntas similares.
En la antigua ciudad de Corinto, la desesperación y el despecho consumen a Medea. Tras haber traicionado a su propia patria y a su familia por amor a Jasón, ayudándolo a conseguir el Vellocino de Oro, la mujer se encuentra ahora devastada: Jasón la ha abandonado crueles e ingratamente para contraer matrimonio con la hija del rey Creonte, buscando consolidar su propia posición y poder. El rey Creonte, temeroso de la rabia, los conocimientos oscuros y la sed de venganza de la extranjera, decreta la expulsión inmediata de Medea y de sus dos pequeños hijos de las tierras de Corinto. Sin embargo, recurriendo a su astucia y fingiendo una dolorosa sumisión, Medea logra convencer al monarca de que le conceda un solo día de demora antes de marchar al exilio. Ese único día resultará ser más que suficiente para trazar una venganza devastadora. Mientras la tormenta de su ira crece, Medea asegura su futuro. Recibe la visita de Egeo, el rey de Atenas, quien pasa por Corinto y le ofrece refugio incondicional en su ciudad a cambio de que ella use sus sabios conocimientos para ayudarlo a curar su infertilidad. Con las espaldas cubiertas y un lugar seguro donde resguardarse tras el crimen, Medea pone en marcha la trampa mortal contra sus enemigos. Fingiendo una falsa reconciliación con Jasón, Medea le asegura que ha aceptado la situación con madurez y solicita que se les permita a sus hijos permanecer en Corinto. Como muestra de buena voluntad y gesto de paz hacia la nueva novia, envía a través de los pequeños dos regalos de un lujo deslumbrante: un peplo suntuoso y una corona de oro. Sin embargo, ambos objetos están impregnados de un veneno mortífero. Cuando la joven princesa se viste con ellos, el veneno abrasa implacablemente su carne; el rey Creonte, desesperado, abraza el cuerpo agónico de su hija y perece consumido por la misma sustancia abrasadora. A pesar del horror desencadenado en el palacio, la venganza de Medea no está completa. Para asestar a Jasón un golpe del que jamás pueda recuperarse y destruir absolutamente todo su linaje y posteridad, Medea se enfrenta a la terrible encrucijada interna entre su instinto maternal y su rabia destructiva. Tras una agonizante batalla contra su propio corazón, la furia sobrepasa el amor de madre y asesina a sus propios hijos con sus manos. Cuando Jasón acude furioso para proteger a los niños de la ira de los corintios, descubre con horror que han muerto a manos de su propia madre. En el clímax de la tragedia, Medea aparece en lo alto, suspendida sobre un carro alado otorgado por su abuelo, el dios Sol, llevando consigo los cadáveres de los pequeños. Despreciando las súplicas del desgarrado Jasón y negándole incluso el consuelo de tocar o sepultar los cuerpos de sus hijos, Medea emprende el vuelo hacia Atenas, dejando a Jasón sumido en la más absoluta ruina mientras el coro reflexiona sobre el incalculable e impredecible destino trazado por los dioses.
¡Ojalá la nave Argo no hubiera volado hacia la tierra de los Cólquides a través de las oscuras Simplégadas, ni el pino hubiera caído jamás cortado en los valles del Pelión, ni hubiera armado de remos las manos de los varones ilustres!Texto original: Εἴθ’ ὤφελ’ Ἀργοῦς μὴ διαπτάσθαι σκάφος Κόλχων ἐς αἶαν κυανέας Συμπληγάδας, μηδ’ ἐν νάπαισι Πηλίου πεσεῖν ποτε τμηθεῖσα πεύκη, μηδ’ ἐρετμῶσαι χέρας ἀνδρῶν ἀρίστων.Medea Prólogo, versos 1-5. Define la antesala fatalista de toda la obra, estableciendo el origen del sufrimiento de Medea mediante una evocación mítica cargada de nostalgia e inminente desgracia.
Dicen que vivimos en casa una vida libre de peligros, mientras ellos luchan con la lanza. Razonan mal: preferiría tres veces estar con el escudo en la batalla antes que dar a luz una sola vez.Texto original: λέγουσι δ’ ἡμᾶς ὡς ἀκίνδυνον βίον ζῶμεν κατ’ οἴκους, οἳ δὲ μάρνανται δορί· κακῶς φρονοῦντες· ὡς τρὶς ἂν παρ’ ἀσπίδα στῆναι θέλοιμ’ ἂν μᾶλλον ἢ τεκεῖν ἅπαξ.Medea Primer episodio, versos 248-251. Constituye una de las declaraciones más célebres y audaces de la literatura clásica sobre la opresión femenina y la dureza del parto frente al combate militar.
Nosotros los mataremos, nosotros que los hemos engendrado. ¡Ea, ármate, corazón mío! ¿Por qué vacilamos en ejecutar estos males horribles pero necesarios?Texto original: ἡμεῖς κτενοῦμεν, οἵπερ ἐξεφύσαμεν. ἀλλ’ εἶ’ ὁπλίζου, καρδία. τί μέλλομεν τὰ δεινὰ κἀναγκαῖα μὴ πράσσειν κακά;Medea Éxodo, versos 1240-1242. Muestra el terrible conflicto interno del personaje al asumir la necesidad atroz de segar la vida de sus descendientes para consumar su venganza implacable.
La obra ha sido adaptada al cine en varias ocasiones emblemáticas. La versión cinematográfica más célebre fue dirigida por el cineasta italiano Pier Paolo Pasolini y se estrenó en el año 1969, contando con la icónica cantante de ópera Maria Callas en el papel principal. Otra adaptación notable es la película realizada para la televisión danesa por el director Lars von Trier, estrenada en 1988 a partir de un guión cinematográfico no filmado de Carl Theodor Dreyer. Además, existen múltiples grabaciones teatrales y versiones cinematográficas en diversos idiomas que recrean el mito clásico.
Es una tragedia griega escrita por el dramaturgo Eurípides y representada por primera vez en las Grandes Dionisias en el año 431 a. C. La historia aborda el desgarrador despecho de una mujer extranjera y hechicera que ha sacrificado su patria por amor a su esposo. Cuando este la abandona para casarse con la princesa de Corinto por pura ambición política, la protagonista trama un oscuro y helador plan de venganza para destruir todo lo que su antiguo cónyuge ama.
No es necesario acudir a bibliotecas externas ni a repositorios ajenos para disfrutar de este clásico universal. El texto íntegro y cuidadosamente preservado de la obra se encuentra disponible directamente en esta plataforma. Puede iniciar la lectura de inmediato desde esta misma página para sumergirse sin interrupciones en la dramaturgia de Eurípides.
El final de esta tragedia no ofrece un simple cierre, sino un verdadero colapso que sacudirá todas sus expectativas sobre la justicia y el dolor humano. Tras el pavoroso caos desencadenado en la corte real de Corinto, el enfrentamiento decisivo entre Medea y Jasón trasciende los límites de lo terrenal. Lo que aguarda en los versos finales no es una mera resolución de cuentas, sino una aparición sobrehumana y sobrecogedora que rompe trágicamente con cualquier noción tradicional de castigo y piedad. Descubra estas páginas para presenciar el estructurado espectáculo definitivo y comprobar cómo se consume el destino de sus protagonistas.
El rey de Atenas aparece en un momento decisivo de la trama para ofrecer a la protagonista el elemento que le faltaba: la seguridad absoluta de un refugio tras la ejecución de su plan. A cambio de una promesa de ayuda mediante remedios para superar su infertilidad, Egeo presta un juramento sagrado garantizándole protección en su ciudad, lo que permite a la protagonista actuar sin temor a quedar desamparada.
Su condición de mujer procedente de la Cólquide la posiciona como una figura bárbara y marginada dentro de la estructura social de la polis griega. Sin el respaldo de una familia local ni derechos ciudadanos en Corinto, la protagonista experimenta un aislamiento extremo que intensifica su vulnerabilidad y convierte la traición de su cónyuge en un acto devastador sin amparo legal.
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